Archivos para la Categoría 'Literatura'

Dime con quién o con qué andas…

Tras haber redactado 75 biografías de 74 hombres y una mujer (gran reflexión para otro momento) ganadores en su día del Premio Nóbel de Química -para un libro del que pronto podré dar más información-, he llegado a algunas conclusiones. No os podéis imaginar cuantos de ellos, y no son personas cualesquiera, sino gente que cambió el rumbo de la ciencia, estudiaron química o se especializaron en ella gracias a encontrarse en el camino con profesores inspiradores que supieron motivarles. Es más, muchos de estos científicos relatan en sus autobiografías, disponibles en la página oficial, cómo tomaron sus primeros contactos con la ciencia a través de simples sets de química o de laboratorios que ellos mismos construían. Me reafirmo en lo que antes tenía como una simple intuición, el plan Bolonia será nuestra perdición.

Adivina, adivinanza

“-Porque nuestro mundo no es el mundo de Otelo. No se pueden fabricar coches sin acero; y no se pueden crear tragedias sin inestabilidad social. Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres y madres que estorben; no hay esposas ni hijos ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma. El soma que usted arroja por la ventana en nombre de la libertad, Mr. Salvaje. ¡La libertad! -El interventor soltó una carcajada- ¡Suponer que los Deltas pueden saber lo que es la libertad! ¡Y que pueden entender Otelo! Pero ¡muchacho!”

¿De qué famoso libro es este fragmento?

Cómo explican los mejores profesores

El libro “lo que hacen los mejores profesores universitarios” de Ken Bain es el resultado de 15 años de investigación, que como bien indica el título, han sido dedicados a averiguar qué es lo que hacen aquellos profesores con gran éxito a la hora de que sus alumnos adquieran niveles de aprendizaje excepcionales. El libro resulta muy instructivo y en algunos momentos, apasionante. Está cargado de anécdotas, de las cuales, personalmente considero que la siguiente es la mejor:

Cuando entrevisté a uno de los matemáticos del estudio, me preguntó si yo sabía definir una función. Confesé que mis conocimientos estaban un tanto oxidados, y que la definición que recordaba haber memorizado no era fácil que de repente me viniera a la mente, algo sobre variables que se relacionaban con los valores de otras variables. “¿Pero, puedes explicar el concepto básico con tus propias palabras?”, insistió. Balbuceé, e inmediatamente comencé a buscar la salida más próxima. En ese momento, me lanzó un bolígrafo, que agarré instintivamente en el aire. “¿Cómo lo has cogido?”, preguntó. “Abrí mi mano y luego la cerré alrededor del bolígrafo en el momento preciso”. “Pero, ¿cómo sabías cuándo había que abrir la mano y cuándo cerrarla?”, insistió. Después de un poco de esfuerzo, y algunas preguntas más del matemático, di con la conclusión de que yo había predicho el lugar en que se encontraría el bolígrafo tras observar su trayectoria por el aire. “Eso es una función”, exclamó. “Tomas información sobre dónde estaba en este punto, este punto y este punto, y predices cuándo llegará a tu mano”. Se volvió entonces a la pizarra y escribió una fórmula. “Podría haberlo explicado de esta manera, y es la forma como habitualmente se hace. Pero cuando lo hacemos así, los estudiantes sólo memorizan fórmulas o definiciones y no comprenden realmente lo que tiene que ver con el concepto.” Nos encontramos con profesores de historia, químicos, sociólogos, economistas, biólogos y demás, que seguían casi exactamente el mismo enfoque que el matemático, estimulando a los estudiantes para que comprendiesen una idea con sus propias palabras antes de preocuparlos con su nombre o algún tipo de lenguaje que pudiera definirla.

Para leer el extracto entero, pulsar aquí.

Javier Sampedro

Hoy me he levantado pensando en Javier Sampedro. Será porque hace poco me terminé el segundo de sus libros. O quizás porque de los ídolos no acabas de olvidarte nunca. Javier Sampedro es el claro ejemplo de que los científicos también saben divulgar. Se doctoró en Genética y Biología Molecular y acabó siendo periodista de EL PAÍS. Escribe que da gusto y esto se puede apreciar en “¿Con qué sueñan las moscas?”, un libro que recoge sus artículos sobre ciencia (veranos del 2002 y 2003) en el susodicho periódico y “Deconstruyendo a Darwin”, para interesados en las paradojas de la teoría de la evolución. Yo he recomendado ambos. Con el primero se me escaparon risas en mitad del metro de Madrid. Con el segundo recuperé la ilusión de leer sobre ciencia, aunque sea dura. Gracias Javier, por tus escritos.


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